Tres americanos en San Sebastián

Desde la Global Greeter Network se ha invitado a Greeters Donostia-San Sebastián a enviar textos contando experiencias particulares vividas por nuestros voluntarios. Estas historias serán facilitadas a un periodista de viajes. Nuestro texto enviado ha sido el que mostramos a continuación. En él, nuestra Greeter Izaskun Arana, narra la experiencia vivida con 3 visitantes americanos. Una historia con un principio y un final inesperados. Esperamos que os guste.

TRES AMERICANOS EN SAN SEBASTIAN

Sucedió el 12 de octubre de 2015

Vivimos la ciudad de moda en el mundo. Se nos encienden los colores cuando vemos en publicaciones internacionales el nombre de San Sebastián como mejor destino turístico del momento. Los amigos y familiares de ciudades cercanas nos preguntan qué se siente al vivir aquí. Nos dicen que todo está tan bonito, y dan tantas ganas de venir a pasear, que cuando llega el domingo y nos quedamos en el sofá, casi nos da verguenza. Si alguien nos pregunta qué hicimos ese día, ponemos excusas para justificar nuestra gandulería… Así es vivir ahora en esta mini ciudad de edificios ArtDeco, bahía turquesa y barrios izados en montañas.

La guinda de la tarta que todos quieren probar es la gastronomía. No tenemos una City empresarial como la de Londres, ni rascacielos como los de New York, pero aglutinamos la mayor ruta de restaurantes Estrellas Michelin del Estado, y restaurantes y bares con buena comida a montones, y eso es un plus. La gente viene a comer, a comerse todo lo que les pongamos en el plato. Porque aquí se cocina como la abuela Martina y como el nieto vivaracho, ahora chef, que hacía patatas fritas con forma de manzana ya a los 11. Aquí te quieres chupar los dedos, porque no te llega con lamer el plato, aunque te miren mal.

Y en estas, llegaron allá por 2015 un trío de americanos afables, viajados, risueños y simpáticos. Vinieron a comer. A ponerse a lo quinto. Se hicieron una ruta de restaurantes, mezclando nueva cocina con tradicional. Comieron, bebieron y disfrutaron de lo lindo. En medio de esta ruta, decidieron introducir una visita con un Greeter. Yo la acepté, y cuando les pregunté por mail qué querían hacer con exactitud, me dijeron: “queremos andar 1 ó 2 horas”.

Eran 3 adultos, de entre 40 y 60 años. Parecían curiosos, con mundo y con ganas de ver y conocer más allá de lo meramente obvio y turístico. Muy bien. Era un reto para mí, pero no problem. Preparé una visita nueva, estimulante, desconocida… Larga, para caminar mucho, y sencilla, para poder hablar todo el rato tranquilamente.

Durante unos años viví en un pueblo costero pegado a San Sebastián, Pasajes San Pedro, a 6,6km. Entre Donostia y este pueblo hay un bidegorri (un carril bici) anexionado a un paseo para viandantes. Les informé de la posibilidad de hacer este recorrido y aceptaron. Cuando los recogí venían preparados; bien de crema en la cara, gorros para el sol, y pantalones cortos. Hacía bueno, por entonces. Partiendo del centro de la ciudad, atravesando un barrio alto, Egia, al que nadie va porque es un barrio obrero de los años 60, pasando por delante del cementerio de estilo romántico, precioso, del s. XVIII, bajando por la montaña en la que se construyeron casas en los años 80, y entrando en el barrio de Intxaurrondo, donde un día hubo baserris que eran todo un símbolo de la ciudad, caminamos sin mirar atrás. Historias de arquitectura, economía, desarrollo, migraciones sociales, anécdotas, villas misteriosas, historias y rumores de la ciudad… Caminamos tranquilos, hasta llegar al nuevo puerto, que en aquél entonces aún lo estaban construyendo y estaba lleno de fábricas, silos temporales, y almacenes de pescado. Pasamos entre ellos, y alucinaron, claro. Aquello no era la San Sebastián que anunció el New York Times como destino sin igual.

Pasajes San Pedro fue una bocanada de aire inesperado. Un antiguo pueblo de pescadores donde aún llegan los barcos de Suecia, Noruega, Francia… con su pescado, y donde ves a los marineros en proa sacándose selfies con él, con San Pedro, y con el pueblo de San Juan, ambos a los lados. La belleza recoleta de este entrante de mar les reconcilió con la belleza prometida. Respiraron profundo, les hice una foto, y volvimos hacia atrás. Era hora de coger el autobús. Sólo 20 minutos les separaban de su hotel. No se iban a marchar, por supuesto, sin probar antes los pintxos del lugar y, en una taberna a la que hay que subir en ascensor, que está en un baserri junto a una iglesia en el pueblo de Trintxerpe, nos comimos unos pintxos: croquetas, champis, txistorrillas y chipis, todo casero. Y descansamos las piernas. Mis tres visitantes volvían a tener hambre. El paseo les había bajado la comida a los piés los que, parece ser, lo habían quemado todo por el camino. Felices con la experiencia, maravillados de conocer una San Sebastián de la que jamás nadie habla, y contentos de volver a tener hambre, regresamos a la ciudad. Esa noche tenían hora para ir a cenar al Saltxipi.

Writing and guided by IZASKUN ARANA

Greeter since 2015

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Posted in Basque Country, Donostia, San Sebastián

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